Me gusta la radio

Me gusta la radio

Me gusta la radio. Producirla. Pensarla. Escucharla. Ser parte de ella. Volar por el espacio hertziano. Estirar mi palabra y mis sonidos hasta el otro. Dicen que la radio es un medio en extinción porque ya nadie la escucha. Pero quien piensa eso tiene una visión limitada de los alcances de la radio. La radio es la nave del sonido. El sonido despojado de la muleta de los ojos. El sonido puro con el que le ponemos nombre al mundo. Solamente bastan las palabras, la música y las formas sonoras de todos los objetos para crear un efecto completo. Yo no concibo a la radio como un medio cualquiera que tiene tiempos límite, entregas burocráticas o tratos con alguien para manipular mensajes. ¿Cuándo descubrí las posibilidades completas de la radio? ¿Cuándo estuve frente a ese enorme planeta repleto de paisajes, rincones, vehículos, personajes, historias, opciones, objetos, tecnología, atmósferas? Gracias a la radio he afinado mi oído y descubierto las posibilidades infinitas del sonido.
¿Cómo sabe alguien que está hecho para la radio? Debe admirar la música en todas sus manifestaciones. ¿Qué me pasa a mí? Soy capaz de escuchar una canción cincuenta veces seguidas. Y soy capaz de reconocer a esa canción como una pieza trascendente. La radio me ha entrenado para reconocer géneros, seguirlos, apreciarlos y programarlos. Mis radioescuchas me han dicho: “tienes un gusto muy especial por la música”. Un día le llamaron a mi programa, Sonósfera, “el programa con el mejor gusto musical de la radio”. Soy capaz de reconocer lo mejor del ser humano en la música. De pensar en el momento en el que los hombres decidieron llamar a la música diferente. Ellos, tal vez, en un día iluminado dijeron: esto es arte. La radio es uno de los vehículos principales y masificadores de la música, el esfuerzo del hombre por ordenar sus sentimientos por el mundo a través del sonido. También, quien se precie de comprender a la radio, debe amar la palabra. Yo, soy capaz de pasar el tiempo escuchando historias. Imaginando historias, leyendo historias, escribiendo historias. ¿Qué sería de los hombres sin compartir sus historias? ¿Cómo haría alguien para elegir desde el fondo de su ser lo que habría de compartir con los demás para poder trascender? Además, la radio nos hace apreciar la profundidad de la vibración sonora de cualquier objeto. Quien produce radio comprende esa extraña partitura de los objetos irrumpiendo en el silencio. Silencio y sonido. Palabra y voz.
La radio no es, para mí, cualquier medio. Es el medio de Gastón Bachelard: la burbuja de las ideas que se intercambian, chocan, viajan, se complementan, y cubren al planeta. La logósfera en acción. Imagina a un hombre en una cabaña. Una cabaña con una fogata, en medio de los árboles. El hombre está solo pero las voces de la radio lo acompañan. Imágenes, palabras, ideas, intercambios, diálogos, acciones. Y a cada intercambio de las ideas de ese hombre con las ideas de la radio, esa fogata se hace grande en la logósfera. La radio es la manifestación de esa logósfera, por eso yo concibo a la radio como el medio de la imaginación.
Hace más de veinte años que le doy vida a proyectos radiofónicos y de que salgo de mí para encontrarme con los otros por medio de la radio.

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